¿Qué nos hace falta?

Cuando el proyecto de La Casa de Agara no había siquiera comenzado, nos hicimos esta pregunta. Si, nos gusta el arte, el diseño, el cine, las historias… Pero, como a todas las que experimentamos en el mundo de la creación, nos llegó la hora de cuestionar si realmente teníamos algo que contar. Y no, por el momento no teníamos nada que contar, pero sí una necesidad.


A raíz del tema Covid se habla, más que nunca, de la cultura de la independencia: una cultura en la que no necesitar nada y estar de vuelta de todo parece algo de lo más suculento. También se habla de la soledad, del aislamiento… Y es ahí cuando inclinamos la cabeza hacia abajo y pensamos si no seríamos más felices si estuvieramos un poco mejor acompañadas.


A nadie le gusta admitir que se siente aislada, frustrada y sola. No queremos ser vistas como »perdedoras», como personas cuya torpeza social les ha impedido haber creado una red de apoyo lo suficientemente satisfactoria. Y como todas sabemos, ni la Redes Sociales, ni las expectativas sobre lo que debe ser »la vida social de una persona normal», ayudan en absoluto.


Esto puede sonar como la palabrería que ya conocemos y que da comienzo a una charla TED. Nosotras no somos conferenciantes, y por lo tanto no podemos traeros conclusiones nuevas que os vuelen la cabeza, pero sí que detectamos la necesidad de adentrarnos en este tema y experimentar. Queríamos oír qué tenía que decir la gente, qué nos querían contar. Iniciamos una encuesta sobre el tema de la socialización, en la que la participación fuese completamente libre y anónima, y al cabo de unos pocos días comprendimos que la gente tenía cosas que decir sobre ello. La mayoría de personas que participaron se iban animando a lo largo de la entrevista ya que según avanzan las preguntas, las contestaciones que recibimos se alargan y los detalles se concretan.


No nos extrañó comprobar cómo la mayoría de la gente se sentía animada ante la idea de pertenecer a un grupo, »pero» -y esta palabra se repetía sin parar después de afirmaciones similares a la anterior- DEPENDE. El problema no surge al estar en grupo, sino de cuáles son las características de dicho grupo, si realmente sentimos que podemos pertenecer a él.


Las personas decían sentirse motivadas dentro de dinámicas o círculos en los que pudieran aportar algo, y a la vez le daban mucha importancia a la necesidad de que su participación tuviese un valor real. Se hizo mucho énfasis en la relevancia de construir conexiones que, si bien no siempre van a profundas y duraderas, sí que nazcan de un interés real por generar un vínculo de escucha, atención y espontaneidad. Se habló de la falta de conciencia a la hora de establecer lazos, de la asunción de roles de superioridad o inferioridad -a veces ni siquiera intencionales- pero que provocan que las relaciones lleguen a ser más agotadoras que relajantes para mucha gente.


También se habla sobre la exclusividad emocional que existe en muchas relaciones románticas, quedando reservadas las muestras de afecto o de vulnerabilidad a ellas. Algunas participantes observaron que enfocarnos un poco más en enriquecer nuestras relaciones de amistad para que no disten tanto de las relaciones románticas, nos llevaría a construir una red de apoyo mucho más sólida y distendida.


Como siempre, ideas hay muchas, pero llevarlas a cabo requiere de tiempo y esfuerzo. Nosotras no sabemos cuál es la respuesta a las incógnitas de la vida colectiva a las que nos enfrenta este mundo, pero sí comprobamos que hay interés en hablar de ello y compartir propuestas. Con nuestro proyecto La Casa de Agara queremos seguir investigando en la posibilidad de crear espacios dedicados a mejorar y alimentar nuestra vida social aprovechando la emoción y la seguridad que nos ofrecen los contextos de juego: Mejorar nuestro día a día a través del Nunca Jamás.

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Ilustraciónes de Moonassi

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