Los retos de lo rural: del espacio público a la soberanía alimentaria

El mundo es cada vez más urbano, una tendencia que se ha ido extendiendo desde hace décadas hasta el punto en que, cuando hablamos de desarrollo territorial, casi siempre hablamos de ciudad. En ellas se concentran la mayoría de servicios y oportunidades, mientras que los entornos rurales han ido quedando relegados a un segundo plano, a menudo vinculados a problemas de despoblación y cambios demográficos.

Pero el medio rural presenta también oportunidades de desarrollo y propuestas de vida, y se enfrenta a necesidades en muchos casos similares a las ciudades. Dentro de Wikitoki, los estudios cAnicca e Hiritik At trabajan desde diferentes perspectivas en proyectos para el desarrollo territorial de poblaciones pequeñas y entornos rurales, en claves de participación ciudadana, sostenibilidad y soberanía.

Los mismos problemas, diferentes soluciones

“En la mayoría de pueblos de pequeño tamaño las problemáticas son parecidas a los espacios urbanos, pero las formas de afrontarlas pueden ser más complejas”, explica Karlos Renedo de Hiritik At. Estos municipios tienen mucha menos capacidad económica frente a los grandes ayuntamientos, y dependen en gran medida de núcleos más grandes para acceder a empleo, ocio o servicios. Pero también son comunidades más consolidadas, “tienen mayor capacidad para participar en procesos de toma de decisiones y llegar a consensos”.

Prima la mirada de quien aporta economía al municipio, y eso significa priorizar las necesidades del hombre varón, con trabajo productivo, heteronormativo y que se mueve en coche

Hiritik At es una cooperativa enfocada al desarrollo local con base comunitaria, mediante procesos ligados al urbanismo, la soberanía alimentaria y la economía social. Llevan a cabo proyectos de redefinición de espacio público en municipios de entornos urbanos y rurales, donde tratan de conjugar las perspectivas urbanísticas, sociales y económicas. “Habitualmente, prima la mirada de quien aporta economía al municipio, y eso significa priorizar las necesidades del hombre varón, con trabajo productivo, heteronormativo y que se mueve en coche, mientras que las personas que trabajan en cuidados se quedan en las periferias”, explica Karlos Renedo, “hay que mostrar el resto de voces del territorio, incluyendo la infancia, las personas mayores y quienes están fuera de los foros públicos”.

Hiritik_At

Un pueblo para las personas mayores es un pueblo para todas

El estudio de arquitectura y urbanismo cAnicca se dedica a impulsar proyectos para una transformación positiva del entorno, mediante metodologías de participación. Ahora tienen en marcha Pueblos Amables con las Personas Mayores, una iniciativa que nació en 2018 en Corella impulsada por el Gobierno de Navarra, y que se ha extendido a otras poblaciones. La propuesta consiste en adaptar los espacios y servicios públicos a las necesidades de las personas mayores a través de procesos participativos.

“Lo primero es entender que quienes saben más del pueblo son las personas que viven allí”, explica Carlos Muñoz de cAnicca, “así que no puedes llegar como el técnico que va a resolver el problema, se trata de escuchar y trabajar conjuntamente”. En estos procesos, trabajan las necesidades de la población desde una perspectiva amplia, que no solo incluye temas de accesibilidad. “Hay espacios que cumplen la normativa pero no va nadie a ellos, la accesibilidad es un derecho esencial, pero hay muchas variables que influyen más allá de si hay o no un escalón, desde cómo son los bancos a la orientación del sol, los olores…”.

Si consigues que algo sea amable para personas de menos de 8 o más de 80 años, lo será para toda la población

Mediante sesiones participativas, han logrado mejoras como la reducción de plazas de aparcamiento para ganar espacio público en Burgi o la adaptación del mobiliario urbano en Corella. Las propuestas se recogen como una hoja de ruta para lograr un entorno más inclusivo. “Le hemos puesto la etiqueta de personas mayores, pero en realidad se logran espacios amables con todas” afirma Carlos Muñoz, “sigue la teoría de 8-80, si consigues que algo sea amable para personas de menos de 8 o más de 80 años, lo será para toda la población”.

cAnicca.

El error de aterrizar lógicas de ciudad

Otro de los proyectos que tiene en marcha el estudio cAnicca es Habitar el Palacio, junto a la Mancomunidad de Municipios del Valle del Jerte y con la financiación de la Fundación Daniel y Nina Carasso. La iniciativa consiste en buscar nuevos usos al Palacio del Cerezo, una infraestructura proyectada en 2005 que nunca se llegó a finalizar y que a día de hoy está vacía. “Es un claro ejemplo de aterrizaje en un territorio, sin tener en cuenta dónde está, demuestra que las cosas no funcionan si no trabajas con la población a la que se dirige”, explica Carlos Muñoz.

La movilidad entre pueblos está prácticamente condenada al coche privado

La idea es buscar nuevos usos culturales para el espacio, pero, para no caer en el mismo error, se ha comenzado con un intenso proceso participativo con las personas que viven en el valle. “El problema del espacio, como en la mayoría de territorios rurales, es cómo llegar hasta allí, la movilidad entre pueblos está prácticamente condenada al coche privado y eso deja fuera a las personas mayores, a la infancia y a quienes no conducen, además de suponer una atadura con un medio de movilidad no sostenible”. La propuesta que se está desarrollando consiste en crear un centro cultural “pulpo”, con infraestructuras móviles a modo de tentáculos que permitan llevar las actividades a los pueblos del valle.

Habitar el Palacio.

Hacia la soberanía alimentaria como derecho

Si bien los entornos rurales han estado tradicionalmente ligados al primer sector, en el caso de Euskal Herria el territorio está altamente industrializado y la mayoría de población se mueve diariamente a otros núcleos para trabajar. “El primer sector es una mínima parte y hay que buscar formas de potenciarlo porque, o logra que gente joven lo elija como modo de vida, o acaba muriendo”, explica Karlos Renedo de Hiritik At.

En el ámbito de la soberanía alimentaria, la cooperativa trabaja desarrollando proyectos de apoyo a la agricultura de proximidad. “El mayor reto es lograr que en los territorios haya consumo de producto local, que se ponga en valor y se asuma que a la larga ofrece un mayor beneficio”, explica Karlos.

Beterrik Km 0

Para ello, trabajan en estrategias enfocadas a cerrar el círculo entre la producción, la distribución y las personas consumidoras. En este sentido, han impulsado proyectos como la red Beterri Km 0 o el supermercado cooperativo Labore, entre otros. “Trabajamos el consumo en el propio territorio, con líneas de distribución que no supongan una carga añadida para las personas productoras y la creación de redes locales” afirma el cofundador de Hiritik At.

Para el equipo, la clave está también en el papel de las instituciones, que pueden apoyar el consumo de producto local en las escuelas, residencias o centros públicos con comedores, de forma que la producción pueda ser viable a largo plazo. “Ahí entra en contradicción con el aspecto económico”, explica Karlos, “pero, ¿qué mínimos ha de tener un menú de escuela o de una residencia para que sea sostenible y saludable?¿le podemos dar a nuestros mayores o a los niños productos procesados? Para nosotros, el foco está ahí, situar la alimentación digna y de cercanía como un derecho”.

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