Uharte, 18 de noviembre de 2019

Gente querida,

Hace unos días estuvimos en Bilbao visitando un curioso lugar llamado Wikitoki. Está situado cerca del río, varias calles más arriba, en una plaza que recuerda que hace muchos años de allí se sacaba piedra. Harrobi plaza o Plaza de la cantera.

A Wikitoki sus habitantes también le llaman “laboratorio de prácticas colaborativas”. Y es muy acertado el nombre, por lo que pudimos ver. Una de las habitantes del lugar, a la que llamaban Host y también Isa, nos tenía preparada una agenda de visita de lo más ajetreada. Llegamos puntuales a la cita y nos recibió Teresa, habitante provisional del espacio. Ella nos llevó por un lugar al que llamó la playa (extraño, porque no conseguimos ver ni agua ni arena) y por el resto de rincones y recovecos de Wikitoki (¡dicen que tienen un cerebro en un armario!) hasta que Isa se unió a nosotras.

Fuimos conociendo al resto de criaturas del lugar y las curiosas formas de organización y de relaciones que mantienen allí. Nada se parecía a lo que podáis imaginar. Unas eran txokers, otras mahaiers y había otras a las que llamaban sarers. Pero todas se reconocían por un nombre común: wikitokers. Mantuvimos los ojos y las orejas bien abiertas para tratar de entender todas estas cosas nuevas que estábamos descubriendo.

Bueno, también abrimos nuestras bocas y nuestras narices porque pudimos compartir mesa con varias de las wikitokers que comían allí. Todavía nos acordamos de las peras al vino y al jengibre… ah! y del cuscus de un pequeño local del barrio. Fueron momentos de compartir nuestro trabajo de investigación y acompañamiento y de conocer lo que hacían las criaturas con las que comimos esos dos días. Y es que les gusta comer juntas, mezcladas y hablar de sus cosas e incluso de los debates más candentes que hay a su alrededor, como las jornadas feministas de Euskal Herria al que varias wikitokers asistieron. Tanto les gusta comer que se invitan entre ellas, en parejas, a un local que tienen como aliado en otra placita del barrio y al que llaman Sarean. Donde, por cierto, muy buenas cervezas artesanales nos sirvieron entrada ya la noche.

A la mañana siguiente nos invitaron a una reunión de lo más extravagante. Al principio se nos presentaron como un gallo, una liebre, un limaco, un pájaro loco y hasta un nido de bacterias. Nos tuvimos que disfrazar de ardilla y de búho para pasar desapercibidas. ¡Pero es que al final de la reunión se transmutaron! Uno en Milú (el perro de un niño rubio que vive en viñetas de colores), otra en avestruz, en gallina, en hormiga. El limaco y las bacterias seguían allí, pero nosotras rápidamente nos cambiamos los disfraces a gato y águila, por si acaso. ¿Qué es lo que ocurrió? Todavía nos lo preguntamos.

Hemos aprendido muchas cosas estos dos días en Wikitoki. Aprendimos que las palabras importan, que nombrar las relaciones, los lugares, los roles… con nombres propios, comunes, hacen que las wikitokers se entiendan mejor. Por ejemplo, nos contaron que se organizan en círculos en los que participan varios wikitokers y que tienen tareas propias. Así conocimos el círculo de COTI (de cotidianeidad), el de la REMEDIOS (encargada de los recursos y la comunicación) y el de COLAJET (que nos contaron que era un trozo de hielo con sabor a cola y forma de nave espacial con el que volaban fuera de Wikitoki).

Aprendimos que Wikitoki son ellas y ellos, wikitokers, más allá del espacio que habitan ahora mismo. Todas las criaturas del lugar hacen cosas distintas, algunas juntas, otras solas, otras veces se juntan unas y otras, pero aprendimos que lo que les une a todas es cómo hacen sus trabajos. Nos hablaron de participación, de código abierto, de cultura colaborativa, de comunicación no violenta, de sentires… de wikikrazia.

No os lo vais a creer, pero en una ocasión llegaron a celebrar con algarabía: “¡Por fin hemos matado la asamblea!”. Y nosotras participamos de su júbilo porque lo que llaman wikikrazia es un trabajo muy duro, muy lento y al que dedican mucho tiempo de sus vidas más allá de sus trabajos cotidianos. Y lo hacen con mucha ilusión, aprovechando la motivación y el impulso de las más nuevas y algunos de los saberes de las más antiguas.

También nos contaron que no todo es tan sencillo, que una organización como la suya requiere poner en cuestión LA COSA: el tiempo que dedican al trabajo en común y a las relaciones; el poder; la forma de tomar decisiones; la distribución y asunción de tareas. Pero a la seriedad de los planteamientos le añadían siempre buen humor y metáforas porque, como decían, todo este proceso en continuo movimiento es como la vida… bueno, dijeron que como el compost, que se hace lento, con calorcito, mezclando cosas para abonar una buena vida que quieren que esté colocada en el centro.

Volvimos a casa con muchas preguntas que nos surgieron y que ellas mismas nos plantearon sobre su forma de organización y de relacionarse que nos servirán para prepararnos la próxima visita, donde podremos conversar personalmente con cada una de ellas:

¿Qué quieres que sea Wikitoki? ¿Qué le pides a Wikitoki? ¿Qué te da Wikitoki? ¿Qué compromiso pones en abordar los problemas? ¿Qué se entiende por banco del tiempo y cuánto tiene que rentar? ¿Hasta dónde te quieres relacionar o afectarte? ¿Qué lenguajes están legitimados y cuáles no? ¿Qué queremos compartir? ¿Hasta qué punto somos capaces de poner la vida en el centro? ¿Cómo gestionamos los conflictos cuando surgen?

Ha sido una enriquecedora experiencia, no cabe duda. Os seguiremos contando.

Os quieren,

Laura y Guille

#Wikiriki Carta 1: Residencia «Un relato colectivo»

Un relato colectivo es una propuesta de acompañar a la comunidad de Wikitoki, a través de los fundamentos de la práctica narrativa, en la creación de un relato de literatura de no ficción que describa cómo es su cultura afectiva y organizacional, en base a los saberes locales y a sus propias habilidades.

Más información sobre Wikiriki, residencias de Wikitoki

Primera carta de la residencia: Un relato colectivo

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